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Ya queda poco para que llegue la feria, y como todos los años, uno de los días grandes será cuando se produzca el lanzamiento del hueso de oliva. Imitado ya por muchas zonas de España, nadie puede negar que tiene su gracia, y ya no sólo por el lanzamiento en sí, sino más bien por todo lo que rodea a este evento. Que si los grupos de amigos que se hacen todos sus camisetas iguales, que si la ‘cervecica’, etc. Tiene su encanto no me lo negarán, pero como en todos lados habrá gente que se divierta y se lo pasará pipa y otras, como siempre, que hacen que esto sirva de excusa para liarla, emborracharse y demás. Esto también va ligado a cualquier tipo de fiesta. Todo esto viene, por un artículo que leí el otro día en un periódico, que trataba de los concursos absurdos que hay por el mundo, que a veces tienen desenlaces fatales. Yo puedo entender lo del hueso de oliva, el cachondeo que lleva, pasas el rato con los amigos, te tomas unas cervezas y todos contentos, pero, ¿qué pensarían si les dijera que por participar en un concurso de estos, llamémosles ‘raros’, algún participante perdiera la vida? Seguro que pensarían lo mismo que yo, que a veces la condición humana es de lo más ‘tontaca’. El más reciente ha sido un ruso. El concurso trataba de ver quién podía resistir dentro de una sauna a más de 110 grados de temperatura. El tipo éste murió con todo el cuerpo quemado y reventado por dentro, esto ya de por sí es trágico pero lo es aún más cuando les diga el premio que recibía el ganador, unos altavoces para la sauna, la verdad es que con un premio así se entiende que se jugase la vida. Ha habido muertes de todo tipo en estos concursos, desde un taiwanés que se atragantó con unos bollos rellenos de huevo y queso, una chica que se asfixió cuando intentaba comerse un montón de nubes esponjosas a la vez, un ruso que cayó fulminado al suelo cuando se quedó campeón de su país al que más bebía vodka, el tío se bebió litro y medio del licor, y a que no saben cuál era el premio que le daban al que más vodka bebiera, pues diez litros más. Pero la muerte más terrible que ha sucedido en este tipo de historias fue una chica americana, madre de tres hijos, de 28 años de edad, que participó en un concurso para poder ganar una wii y regalársela a sus hijos ya que ella no podía comprarla. El concurso lo organizó una cadena de radio local y consistía en ver quién era capaz de beber más agua sin ir al baño ni vomitar. Una oyente, llamó inmediatamente a la radio para decir que no realizaran el concurso porque al beber una cantidad de agua excesiva los niveles de potasio y de sodio bajan y podría provocar la muerte, el personal de la radio se lo tomó a chufla y siguió el concurso. Esta pobre chica, no sólo no ganó, sino que cinco horas después fallecía. Lo único bueno, de todo esto, es que la cadena de radio tuvo que indemnizar a su familia con 16,5 millones de dólares, pero aún así la pérdida no la podrán suplir con ninguna cantidad de dinero. Por eso cuando pienso en el concurso del lanzamiento del hueso de oliva, comparándolo con las salvajadas que hacen por ahí, es una maravilla, porque lo único que puede pasar es que alguien beba más de la cuenta y tenga que irse a dormir la mona, pero no creo que la vida de nadie, afortunadamente, corra peligro. Lo que está claro, es que a veces hacemos cosas bastante absurdas, y por el mero hecho de competir en algo la gente se juega la vida, y si hay un premio apetitoso ya ni te cuento, lo que no tiene sentido es que haya gente que se la juegue por conseguir una chorrada campestre como premio. Y la pregunta que yo me hago, cómo se llegan a plantear este tipo de concursos, unos son tradiciones populares, pero hay otros que no tienen explicación de cómo se llega a realizarlos, como por ejemplo, el de romper palos con el culo, ¿Quién y porque haría eso la primera vez? ¡Vivir para ver, qué gran verdad!
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