Como en una obra de teatro pero en malo, el gobierno socialista está bajando el telón a una historia que han vivido millones de Españoles, unos mejor que otros -evidentemente- como ahora mismo, que pasamos tiempos críticos y no sólo en economía sino en demasiados aspectos. Claro que eso no debería de justificar ese afán perverso por acabar una época con una experiencia política muy distinta a la de hoy, al fin y al cabo el régimen anterior fue un acto más en el transcurso de muchos siglos, y sin embargo este ejecutivo se ha empeñado en cerrar en negro una página social y política de España y lo que es peor, como si no hubiera pasado nunca. Y aunque se tape como muestra y como una vergüenza el escudo de España en el edificio de Correos de nuestra ciudad, nada por decreto se borra de la historia. Porque el hecho es que varias generaciones de españoles han vivido bajo el manto para unos oscuro y hasta cruel, y para otros liberador y progresivo del Estado del 18 de Julio, pero con una señal en común, lo hicieron en el seno de un Estado que lograría su legitimidad en el seno de las Naciones Unidas, más tarde que pronto, que esto dependía de las políticas exteriores más que de otra cosa. Lo cierto es que en España puede haber en la actualidad medio país con recuerdos positivos y otra media, insistentemente contraria, que la denigran aun sin conocer realmente por qué lo es. Sin embargo el Gobierno socialista, pretende, obliga, a borrar esa parte de nuestra historia -la de España-, eliminando hasta el más mínimo vestigio del franquismo, que de eso se trata, como proclama lo que llaman Ley de Memoria Histórica (rechazada por auténticos historiadores).
Así cambian el nombre de las calles, abaten monolitos y lápidas, desmontan o derriban estatuas, destruyen o tapan los escudos nacionales que veían y hasta lo sentían muchos, en un intento teatral por hacer desaparecer esa historia sin querer evitar la ofensa, el insulto o la denigración política y moral de cuantos, por convicción o conciencia, guardan un sentimiento de fidelidad o simpatía a un régimen y a una forma de Estado determinada; o simplemente, porque entienden que es parte de nuestra Historia, y hay que asumirla, como se asumen a los afrancesados del siglo 19 o los Carlistas de hace dos días. Pero los socialistas quieren bajar un Telón, que no es posible hacerlo porque muchos españoles todavía creen en sus hechos. Al final innumerables hogares españoles guardarán las brasas de una interpretación política, y acaso, se aviven cuando menos se piense, porque ahogar sentimientos no es lo mismo que apagar hogueras y eso, por mucha propaganda que se haga, luego se reaviva. A nosotros, que no estamos -que se sepa ya- por regresar a otros tiempos, sino que trabajamos por una convivencia sin bandos, no nos gusta que se persiga -en sus más íntimas emociones-, a una parte de nuestra sociedad, que son también amigos, vecinos, parientes, y rechazamos esa manía iconoclasta y en serie que no borrará una manera de entender la vida. Fuimos de los primeros en denunciar falsificaciones políticas, pero de ahí a gobernar contra el criterio de otros españoles, nos parece un acto inútil y costoso que no logrará jamás su propósito. Hoy que es tiempo de Navidad, es hora de procurar los reencuentros y no de provocar dificultades. |