• Eduardo López Pascual •
Radiografía de un tiempo Bancas
La gran banca americana ha respondido con fiereza interesada a la insinuación del presidente americano Obama, de limitar las operaciones financieras de sus asociados, que no estén directamente relacionadas con su primera obligación que es la del crédito. Es decir, obligar a los grandes trusts bancarios a dejarse de operaciones de bolsa, de tentaciones inmobiliarias, de participaciones accionariales, con el doble fin de evitar riesgos al estilo de la crisis que padecemos, y la de disponer de más dinero para ofrecer los créditos necesarios al servicio de los ciudadanos corrientes y molientes. Esto que parece una medida oportuna, acertada, visto el descalabro sufrido por estas corporaciones, ha supuesto al parecer, una contestación negativa y casi unánime al deseo presidencial.
Como era de esperar en la capitalista USA, los grandes bancos han puesto el grito en el cielo, y han mostrado sus dientes -incisivos, cortantes, peligrosos-, al mandatario americano que, por esta vez, y dentro del espíritu de reformas que anunciaba al mundo, coincidía con las sempiternas aspiraciones de un puñado de hombres y de mujeres en España, para quienes desmontar el capitalismo, o al menos (mientras no se pueda otra cosa) adelgazarlo en lo posible, era una tarea moral. Por si no se sabía o alguien quisiera ocultarlo, esas gentes se definen como falangistas y hacían referencia expresa a su anti capitalismo originario desde el año 1933, cuando su líder fundador exponía 'avant la lettre' que "desmontar el capitalismo era una tarea moral".
Una reacción previsible, dado el trasfondo económico de las palabras de Obama, que cualquier seguidor de la Falange tomaría como suyas aun siendo bastante leves, ha sido la bajada de la bolsa, un modo nada sutil de mostrar su rechazo al deseo presidencial, y a la vez su mala conciencia; tal como se leen estas cosas, pues la mayoría de los bancos internacionales tiene intereses en las diversificaciones financieras que han creado básicamente para enriquecerse, presentando así su verdadera cara, aunque no hacía falta, sabido es cómo se justifican las entidades crediticias. Éstas son cada vez menos crediticias y por contra, restringiendo la concesión de créditos, bien a través de los puros recortes o, y esto es casi peor todavía, subiendo los tipos de interés que ahogan a los paisanos, incluso con sus artículos en letra pequeña, poniendo salvaguardas en beneficio claro del Banco o Caja, en el supuesto de que los índices establecidos del íber llegaran hasta un suelo determinado.
Como quiera que uno se siente identificado con esa bellísima idea de sustituir el capitalismo salvaje y ultra liberal, por un sistema de crédito nacionalizado y una banca cuando menos controlada por un sindicalismo unitario y nacional, no nos hemos sentido extrañados de ese berrinche bancario que llega hasta la sociedad española, intentando avisar de su desacuerdo y de su rechazo; más o menos lo que podría esperarse de quienes a derecha e izquierda pretenden asegurarse su machito, algo que no cuadra con lo que ha insinuado el presidente Obama, y que el programa de los falangistas reclaman ininterrumpidamente.
 

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