La danza invade Cieza
2010-07-03
• Redacción
Bajo este título genérico, Irene del Carmen García impartirá en Cieza, del 7 al 9 de julio y de 19’00 a 22’00 horas, un taller de danza contemporánea para el que no es necesaria formación previa, sólo el deseo de moverse, y es que, según ella misma afirma, “el arte es la expresión de alma que desea ser escuchada”. Además, el sábado día 10 se realizará una invasión en un lugar de Cieza. Una invasión es una actuación por sorpresa en un lugar sin que el público lo espere y que sólo conocen los bailarines. El precio del taller es de 30 euros y se puede contactar con Irene del Carmen García en el teléfono 678 664 943 o en la dirección de correo electrónico irapa1@hotmail.com. Se comenzará con una clase de técnica, es decir, ejercicios de calentamiento, ejercicios de introducción al trabajo de suelo, tomando conciencia del peso corporal, la respiración y su conexión con el movimiento. El objetivo final de este curso es que todo el mundo consiga bailar, sacar provecho de sus capacidades individuales y descubrir el nuevo lenguaje que su cuerpo puede ofrecerle. Se creará una pieza y el sábado se invadirá una zona de Cieza para bailar en la calle. Trabajando a partir de pautas corporales, se buscará nuevos movimientos y sensaciones físicas, no importa si lo que surge es más o menos bello, lo importante es que eso eres tú. En los ejercicios de improvisación no hay errores, todo está bien, y lo importante es dejarse llevar. Irene Del Carmen García se graduó en 2004 en Danza Clásica por el Conservatorio Profesional de Danza de Murcia y continuó formándose en diversas escuelas de Madrid. En 2005 comenzó a formar parte de la Compañía de Danza Clásica Arte 369, bajo la dirección de la bailarina María Giménez, donde estuvo tres años interpretando roles de cuerpo de baile y solista en ‘Giselle’, ‘Cascanueces’, ‘Las sílfides’, ‘Diana y Acteón’ y ‘Don Quijote’. En 2008 recibe una beca del CAD -Centro Andaluz de Danza-, donde recibe formación en Danza Contemporánea de la mano de profesores como Jennifer de Palo, Michelle Sweeden, Amgard Von Bardelebem, Mirjam Berns, Pilar Pérez Calvete, Maxine Steinman, Eva Bertomeu, Guillermo Weickert, María Rovira, Isabel Vázquez, Compañía ROSAS y Laura Aris. En agosto de 2009 comienza su andadura con la Compañía Cienfuegos Danza, con ‘Amada Candela’, ‘Cerillera’ y ‘Cisnes negros’. Como docente, ha impartido clases en ciudades como Madrid, Valencia y Sevilla, combinando su experiencia en danza clásica y contemporánea y la técnica Pilates.

Exposición de fotografías de Francisco Lucas
El miércoles pasado, día 30 de junio, en la sala de exposiciones de Caja Murcia tuvo lugar la inauguración de una extraordinaria exposición de fotografías -todas del año 1960, en blanco y negro- que, por su peculiaridad, nos ha obligado a entrevistar a su autor, Francisco Lucas, veterano aficionado a la fotografía y persona no dada a exponer las decenas de miles de fotos de sus espectaculares viajes por todo el mundo. Hablamos de su posible exposición ‘100 fotos de 100 países’. Esta exposición, como puede comprobarse, comprende sólo desde la primavera, cuando conoció a su esposa, la farmacéutica Mª del Carmen Elío, hasta finales de ese año 1960. Una forma excepcional de conmemorar las bodas de oro de su vida en común, unos instantes inolvidables plasmados en fotos. La exposición permanecerá abierta hasta el 9 de julio.
2010-07-03
• Redacción
Pregunta.- ¿Cómo surgió su afición a la fotografía? Respuesta.- En el año 1957 trasladé mi matrícula de la Universidad de Murcia a la Universidad de Madrid para terminar mis estudios de Derecho. Aunque ya era aficionado a la fotografía, tuve la suerte de convivir, en el piso de Madrid, con Pepe Mas, un estudiante de Farmacia, magnífico fotógrafo, que estaba al frente del Laboratorio de fotografía en la Cátedra de Técnica Física de la Universidad. En ese laboratorio me enseñó y pude aprender todos los secretos del revelado fotográfico, incluso del color. Hacíamos trabajos en color para un hermano suyo, arquitecto, que eran de una calidad excepcional, inexplicable para los incipientes laboratorios profesionales. Llegaron a ofrecernos trabajo en sus instalaciones. P.- ¿Entonces ganaba dinero como fotógrafo? R.- Pues, en cierto sentido, sí. Sobre todo en el año 1960, que fue cuando ya era abogado y trabajaba como pasante en un despacho de Madrid. Allí conocí a un millonario libanés, cliente del despacho, que al enterarse de mis habilidades como fotógrafo me propuso que le hiciese todas las fotos de las antigüedades que compraba en España para exportar al Líbano. En el Ministerio le exigían que de cada obra de arte a exportar tenia que presentar seis fotos de buena calidad para comprobar que no eran obras catalogadas o protegidas en el Patrimonio Nacional. Le gustó mi trabajo y le hice miles de fotos, a 3 pesetas cada copia, que me reportaba un buen sueldo. Hay que pensar que comer en el restaurante de la Universidad costaba 7 pesetas. Fueron unos meses de mucho trabajo: por las mañanas, a fotografiar las obras de arte compradas por Yousef Al Fark, así se llamaba; por las tardes, a trabajar de abogado en el despacho y, por las noches, hasta altas horas, a revelar los carretes y a positivar las fotos en el laboratorio que me monté en el piso donde vivía. Pero siempre había huecos para estar con Mari Carmen. Eran otros tiempos. Por poner un ejemplo, tengo que decir que a mis padres, durante los cinco años de carrera, sólo les pedí 63.000 pesetas (menos de 400 euros). Las tengo apuntadas, mes a mes, durante los cinco años. P.- Le ocurrirían momentos interesantes en esas fechas… R. Pues sí. Yo utilizaba una cámara Kodak Retina IIIC, todavía la conservo. Se la compré a Pepe cuando él consiguió la Canonflex. En el año 1958 un taxista amigo, que comía en el restaurante con nosotros, los estudiantes, apareció con una Nikon S2 que un turista americano se había dejado en el taxi cuando le llevó al aeropuerto. Era la primera Nikon que llegó a España. Le pagué por ella 4.000 pesetas, una fortuna. La he utilizado toda la vida y la sigo teniendo. Hoy, en el catálogo de coleccionistas de cámaras antiguas, está valorada en 9.000 euros, pues hicieron muy pocas. También pude haber asistido a la boda de Balduino y Fabiola como fotógrafo. Amigos cámaras de TV española nos invitaron, pero mis muchas ‘ocupaciones’ me lo impidieron. Teníamos cierta reputación como fotógrafos y fuimos miembros de jurados en varios concursos. P.- Bueno, a lo que vamos, ¿cómo fotografió a su esposa? R.- La conocí en una fiesta de estudiantes. Estaba guapísima. Fue un flechazo. Al salir estaba lloviendo, le pedí taparme con su paraguas y acompañarle a su residencia. Aceptó. Era en vísperas de las vacaciones de Semana Santa del 60. Le dije que cuando volviera de vacaciones iría a buscarla a la Facultad y le haría unas fotos. Así lo hice. A la salida de clase la esperaba. En la Ciudad Universitaria y en el Parque del Oeste le tiré un rollo de fotos. Al día siguiente le llevé unas veinte ampliaciones de 18x24. Algunas de ellas están ahora expuestas. Se quedó estupefacta. Sólo acertó a decirme que “cuánto me debía….”. Le dije que se las regalaba. A partir de ese día todas las chicas de su residencia estaban empeñadas en conocerme para que les hiciera fotos. Se quedaron con las ganas, pues ella no me presentó. Y así, miles y miles de fotos… ¡hasta hoy! P.- O sea, que ha sido su única modelo… R.- En efecto, para siempre, desde esa primavera. Todos los días quedábamos, volvíamos andando, paseando, desde la Facultad de Farmacia hasta Argüelles, donde vivíamos. Estudiábamos juntos en la biblioteca del Instituto de Cultura Hispánica, que era muy confortable, con una cafetería muy económica. Ese verano que yo terminaba como alférez las Milicias Universitarias en La Granja, en el permiso de jura de bandera, me fui a Soria, a Duruelo, su pueblo, y pasé allí esa semana con muchas nuevas fotos, que algunas también están en la exposición. Deseando que empezase el nuevo curso para estar otra vez juntos en Madrid. Entre las fotos expuestas hay otras que se refieren a nuestra estancia en Madrid. Todas ellas son del otoño de 1960. P.- ¿Por qué no ha expuesto fotos de años siguientes? R.- Porque la razón de ser de esta exposición es celebrar estas ‘bodas de oro’, los 50 años desde que nos conocimos y nos hicimos novios. El trabajo de selección de estas 50 ampliaciones ha sido bastante complicado, en principio había escogido unas 200, pero quería que esta muestra se titulase ‘50 fotos de hace 50 años’. He tenido que elegir solo cincuenta de los muchos cientos de fotos ‘glamourosas’ del año 1960. Pero han quedado otras muchas, sin ampliar, muy ‘interesantes’ y, técnicamente, muy buenas, sobre todo, una serie bañándonos en los Picos de Urbión, en el nacimiento del río Duero, diapositivas en color Ektachrome reveladas por mí, que son una maravilla. P.- ¿Por qué no ha expuesto fotos en color? R. No he querido exponer fotos en color por darle a la exposición ese matiz retro, de aquellos años, todas en blanco y negro. Detesto los ‘colorines’ que algunos les ponen a las fotos con el ‘photoshop’ para que ‘parezcan postales’. Esta muestra es una demostración de la belleza de las fotos más sencillas y espontáneas. En definitiva, el motivo de gran satisfacción es, no sólo celebrar los cincuenta años de felicísima vida en común, sino poder mostrar a nuestros descendientes, familiares y amigos tan inolvidables momentos, recuerdos plasmados en mis valiosos y cuidados negativos y diapositivas, guardados como ‘oro en paño’. Animo a todo el mundo a hacer fotos. Conforme pasa el tiempo tienen más valor y ahora es bien fácil y barato. Con las nuevas cámaras digitales, todas salen perfectas. Como yo digo, la fotografía permite captar instantes que, cincuenta años después, son recuerdos inolvidables.

La Escuela Municipal de Folklore celebra su festival fin de curso
El XX Festival de la Escuela Municipal de Folklore, celebrado en el auditorio Gabriel Celaya el pasado 19 de junio, clausuraba el curso 2009/2010 con la participación de todos sus alumnos.
2010-07-03
• Redacción
En esta ocasión el festival se desarrolló en un solo día, pero en dos sesiones, a las 8’30 de la tarde y a las 10 de la noche. Previamente a cada sesión, se realizó una concentración de todos los alumnos de la Escuela en la Plaza de España, iniciando un desfile hasta el auditorio Gabriel Celaya, donde se celebró el festival. El numeroso público asistente, que casi llenaba el auditorio durante las dos sesiones, pudo disfrutar de una tarde-noche folklórica, donde el colorido de los trajes, la alegría de los bailes y la majestuosa interpretación de todos los alumnos participantes, con edades comprendidas entre los 6 y los 20 años, hicieron que se pasara el tiempo casi sin darse cuenta, sabiendo incluso a poco. Un total de dieciocho danzas se interpretaron a lo largo de las dos sesiones, se utilizaron cuatro variedades del traje tradicional de Cieza y participaron un total de 260 alumnos y alumnas de la Escuela. El curso se clausuró con la entrega de recuerdos a todos los alumnos. Desde estas líneas, nuestra felicitación a los Coros y Danzas de Cieza por la labor realizada con los más pequeños en pro de conservar y difundir nuestra tradiciones.

                 

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