• Bartolomé Marcos •
Viaje a ninguna parte Me apeo… lo dejo… adiós…
Sí, de esta manera elemental y primi-tiva, sin más retóricas. Dejo mis colaboraciones semanales en estas páginas, sin haber llegado a ninguna parte, como corresponde a un viaje así definido. No sé si alguien las echará de menos, pero sí sé que las echaré de menos yo mismo. No digo que no volveré, pero lo dudo. Han sido 16 años de mi vida de cita semanal con la escritura y con ese puñaíco de lectores anónimos a los que dejaré descansar a partir de ahora y cuyo aliento al otro lado -sé que estabais ahí, gracias- también echaré de menos. Como siempre que algo se acaba, se dejan tareas inconclusas. Así, dejo pendientes dos artículos sobre el Capitol (esa infamia consumada e impune) que ya nunca verán la luz, o dos prometidos y comprometidos artículos sobre la buena poesía de dos excelentes amigos: Ángel Almela y Manolo Dato, o el artículo que pensaba dedicarle al trigésimo aniversario de ‘La Sierpe y el Laúd’, aunque es posible que con este último haga una excepción, por aquello de que bien está hacerla siquiera cada 30 años. En fin, asín (sí, asín, que resulta más rotundo) son las cosas en la vida: pensad que podría haberme muerto, o que me he ‘suicidado’ literariamente. También le debía un artículo a Don Manuel Ortín Sánchez, ese diligente repartidor de periódicos desde tiempo inmemorial, inasequible e inmune al desaliento, así truene, llueva, nieve o caigan chuzos de punta, y al que una operación lo tiene varado y en dique seco estos días. Saludos, Don Manuel, ¡y ánimo!; y les debería muchos más a algunos que se alegrarán de que ya no vaya a escribirlos, sobre todo ahora que el gran farsante y sus acólitos llegan a bout de soufflé, ‘al final de la escapada’ y nos destapan el tinglado falso al que se aupaban hasta ahora. Para eso, ¡Hugo Chávez!. I love you, Huguito, que tú por lo menos sí que tienes cataplines y los pones encima de la mesa si hace falta…
Desde el otoño de 1994 hasta la primavera de 2010. Dieciséis años en cita semanal permanente, a veces doble y hasta triple, con los lectores de la aldea, o con los lectores de la aldea que están lejanos de la aldea, esos a quienes ahora se agasaja tanto por su condición de ‘ausentes’ cuando vuelven por las cruces de Mayo. Ciezanismo ausente, cuando tanta falta hace el ejerciente. Esa moda, que dicen recupera una antigua tradición, formará parte también, seguramente, de la recuperación de la memoria histórica cuando yo creo que resulta bastante más urgente recuperar la solvencia económica que el inepto de Rodríguez Zapatero ha colocado a ras del subsuelo, mientras no le importa gastar una millonada en el servicio de traducción simultánea de un Senado español que a nadie le importa un pito, en el que todo el mundo sabe español, y en cuyo bar todos hablan en español, pero que se olvidan del español para hablar en euskera, gallego o catalán cuando se asoman al escaparate televisado. Para enderezar la marcha de la economía, recortes de sueldo a los funcionarios, después de mantenerlos durante más de 7 años con exiguas subidas del 2%, que se traducían en rebajas efectivas tras aplicar los correspondientes incrementos de las deducciones. Es difícil hacerlo peor, y en esto Zapatero tiene mérito: no ha acertado ni una, no siendo el menor de sus desaciertos el de la creación del Ministerio de Igual dá, que tanto vale para un roto como para un descosido, como para un aborto express, y a cuyo frente se ha mantenido sin dejar un momento el timón la fiel figurante psoecialista Bibiana Aído (¿a dónde… a dónde?). Pero no sigo porque este artículo sólo tiene el objetivo de decir que me apeo… que me bajo… que lo dejo… tampoco es fácil encontrar soluciones para la endemoniada situación por la que atraviesa el mundo, un mundo en el que, adormilada, acecha la bestia, dispuesta a aprovechar su oportunidad.
Me quedaban muchas cosas por decir, muchas opiniones que expresar. Me voy como llegué. Igual de pobre, aunque me han hecho más rico estas colaboraciones, así como saberos y sentiros a vosotros y a vosotras, seáis quienes seáis, al otro lado. Es bueno irse antes de que le tiren piedras a uno, o antes de que lo echen, que tampoco era el caso, porque yo en este oficio he sido de los trabajadores que reclama la época en que vivimos, de los que trabajan sin cobrar… y dando las gracias además por permitirles trabajar, que si eres trabajador es lo que tienes que hacer, trabajar, que cobrar es cosa de cobradores, y eso ya se encargan ellos de hacerlo. Me apeo… lo dejo… adiós...



 

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