| OPINIÓN  
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Nombre:
Pedro Luis
Apellidos: Almela Valchs
Título: De olores y suciedades
Opinión: Hace unos días estuve en Priego de Córdoba, ciudad andaluza en donde vive mi hija con su marido desde hace más de medio año debido a que, como otros “nuevos emigrantes”, tuvo que cambiar de localidad, de provincia y de autonomía en busca del tan ansiado puesto de trabajo. Ciudad coqueta, tranquila, izada sobre una colina que la sitúa a 650 metros sobre el nivel del mar, se asemeja a una isla de cal y sombras poblada de numerosos jardines y parques en donde mana el agua fresca. Rodeada por los cuatro costados por el olivar que la circunda y del que vive fundamentalmente todo el pueblo, sus casi 24.000 habitantes están a caballo entre dos lugares tan históricos como bellos, que son Granada y la propia capital de la provincia, Córdoba. No estuve mucho tiempo –apenas dos días- para conocer a la patria chica que fue de Niceto Alcalá Zamora, el primer presidente de la II República (1931-1936) y que también tuvo que emigrar de su tierra querida, esta vez a la Argentina, en cuya capital, BUenos Aires, falleció; sin embargo, a pesar del corto espacio de tiempo en el que habité allí, al pasear por sus calles y sus parques (parques como Dios manda que sean, espaciosos, con poco cemento y suelos de tierra, sombreados por enormes plátanos, con fuentes que manan agua fresca –de la que se puede hasta beber- y bancos que sin grandes alharacas, sirven sólo para lo que fueron hechos: para descansar sentados) algo me llamó poderosamente la atención: la limpieza de sus suelos, el cuidado de sus espacios y mobiliario públicos, el relativo silencio en el que una ciudad de su tamaño puede verse envuelta en las horas más concurridas del día, poco tráfico, pocas motos, gente que por lo general hablaba sin gritar en bares, paseos y terrazas… Todo ello me chocó todavía más cuando regresé a Cieza. El contraste de lo que vi y hasta de lo que olí fue demasiado evidente. Sé que la Comunidad está embarcada en un ilusionante proyecto de propulsar el turismo –el de playa y sol y el turismo interior, que es el que nos corresponde- como principal fuente de ingresos. También sé que nuestro pueblo y sus alrededores tienen toda la materia prima para colaborar en ese ambicioso plan; paisajes, nuestro río -ese “milagro de agua” que amanece todos los días-, el entorno histórico-cultural de nuestras viejas calles, algunas de nuestras iglesias, nuestra Semana Santa… Pero la pregunta surge enseguida, ¿cómo vamos a transmitir a nuestros visitantes ese encanto de nuestro patrimonio cultural y paisajístico, para que vaya de boca en boca y se “corra la buena nueva” de que tenemos cosas que merecen la pena verse, si los olores, los suelos escandalosamente sucios, el ruido de un tráfico muchas veces caótico y a todas luces demasiado abundante para una ciudad como Cieza, la casi ausencia de alojamientos (en Priego hay un montón) para forasteros, son y serán causas suficientes para que los futuros visitantes huyan de esta “perla del Segura” venida a menos? Nadie me tiene que decir que andamos escasos de dinero; tengo constancia de ello. Pero yo siempre he creído que no se gobierna con el bolsillo sino más bien con la cabeza, y sobre todo con el amor y el cariño a la tierra a la que sirves. He sido 40 años educador y sé de buena tinta que en los centros escolares en donde he trabajado, el aspecto de la limpieza y la higiene del entorno se ha tratado con largueza, aunque quizá no lo suficiente. Con la misma seguridad puedo decir que nuestros políticos han trabajado en el tema, pero al igual que los enseñantes, tampoco ha sido suficiente. Algo hay que hacer, y con cierta urgencia; si la suciedad y los ruidos nos acosan dentro del casco urbano, la situación por el entorno natural que nos circunda no anda mejor ni mucho menos. Una simple visita al santuario del Collado de nuestra Atalaya, nos dará una idea exacta de hasta qué punto la “mierda” nos puede ahogar en un mar de idem. Esto hay que hablarlo, en los plenos del Ayuntamiento y en donde sea, ahora que el dinero no es la solución. Creo que ha llegado la hora de pensar, de comunicar, de llegar a conclusiones valientes que destierren de una vez por todas el mito que va creciendo en la opinión de aquellos que nos visitan, de que Cieza huele mal y que hay que andar mirando el suelo por si acaso pisas lo que no quieres ni deberías pisar en una ciudad del siglo XXI.

Nombre:
Pascual
Apellidos: Villa Turpín
Título: Nos acordamos de Snt Bárbara sólo cuando truena.
Opinión: Antaño dinero en demasía colmaba las arcas del concejo no se escatimaba en festejos los paisanos se divertían. Y vi de pompa y boato lujos para las fiestas del patrón local artistas de renombre nacional cobraban sus cachés sin tapujos. Era cuando nadie se acordaba de innumerables grupos locales, que aunque no profesionales oportunidad no se les daba. Y ahora que el presupuesto festero para nada alcanza; todo ruina ya no traen a Escobar ni a Karina no hay parné para forasteros. Ahora nuestros músicos locales, curiosa alternativa modesta actuarán en las noches de fiesta porque quieren los concejales. Ya está el cartel completo se apañaron los conciertos Sólo con músicos nuestros y así acaba mi cuarteto.