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José Luis Ramon Vilaplana
La vida puede ser maravillosa  
 

El otro día escuchando la radio, se me pusieron los pelos como escarpias porque se especulaba con la posibilidad de que otro de los supuestamente gigantes y todopoderosos bancos españoles comandado por el imperturbable Rodrigo Rato, necesitaba una pequeña ayudita para salir a flota. De momento era sólo un rumor y pensé que ojalá se quedara sólo en eso, un rumor y que saliera bien la cosa. Craso error. Dimite el presidente de Bankia, por desavenencias, dicen, con el ministro de economía. Porque lo haya hecho fatal no. Todavía no he visto a nadie que salga diciendo que ha gestionado mal tal o cual empresa, ministerio o banco. Aquí no se equivoca ni el Tato. Pero no se preocupen que no hay problema ninguno, como es natural, el Gobierno ha dicho que va a hacer una 'pequeña' inyección de liquidez, no crean que mucho, unos cinco o seis mil millones de euros para que pueda tirar para adelante. Algunos aventuran que va a costar unos diez mil millones de euros, no de pesetas, para sacar adelante el banco en cuestión. A ver si entiendo esto. No hay un duro para educación, para sanidad ni para nada de nada, pero sí hay unos diez mil millones para esto. En cuanto se habla de bancos, ya debemos tener en mente que vamos a tener que apechugar hasta el más 'pintao'. Cuando hablan los entendidos por la tele, te dan la explicación lógica de que hay que ayudarlo porque si no la economía se resquebraja y milongas por el estilo. Cuéntenle eso al que tiene a toda su familia en el paro y después de estar pagando una cantidad de años increíbles su casa, le viene torcida la cosa y por deber unos meses se la quitan sin la más mínima contemplación. Ese banco que a lo mejor le necesita a usted o a mí para que con los impuestos que pagamos salga a flote. De verdad que me parece de lo más injusto. Seguí oyendo la radio a ver si salía algo un poco más divertido y para colmo de males la noticia siguiente era de las que hacen que se te ponga una mala leche de no te menees. Resulta que en la Granja de San Idelfonso, a unos noventa kilómetros de Madrid, a alguien un día se le ocurrió la feliz idea de construir una especie de hipódromo para albergar un equipo de polo. No porque con ese pelotazo fuera a ingresar en sus arcas perras por doquier, nada de eso, sino porque de todos es conocida la gran afición que hay en España por el polo. Hasta uno del pueblo con mucha sorna dice que era normal esta construcción, porque casi todos los vecinos tenían diez o quince caballos en su casa 'aparcaos'. Bueno pues se han gastado la módica cantidad de tres millones de euros y saben para qué ha servido, pues para que los topos inunden todo el sitio y hagan de esa zona su feliz hogar. Un despropósito más. Uno más. Por la noche vi el programa de la Cuatro 'Perdidos en la tribu' y pensé, hay que ver cómo viven éstos, en pelotas todo el día y comiendo cosas que harían vomitar hasta al menos delicado del mundo. Cuando me sobrepuse a las angustias que me dieron al ver cómo se comían lo que una de la tribu escupía, qué ascazo, pensé que a pesar de todo esa gente vivía feliz, si hipotecas, recortes, injusticias bancarias ni nada por el estilo ¡Qué envidia! ¡Quién pudiera estar así! Luego pensé lo que habían comido hacía un rato y como que no. ¡Qué verdad es, que no se puede tener la felicidad completa!