El socialismo francés ha ganado las elecciones presidenciales en el país vecino del norte; pero el socialismo en Francia no es lo mismo que en nuestra nación, porque entre otras cosas allí no existe ningún plus de resentimiento ni de dogmatismos ideológicos. Hasta el punto de que en la tierra de los galos, un partido de centro-derecha se permite el lujo de ofrecer sus votos (aunque sea a nivel de su líder) al socialista Hollande, algo impensable en España en donde se mantienen esas actitudes de absoluta incompatibilidad, entre los dos partidos mayoritarios del parlamento, uno de centro izquierda, aunque ahora más de ultra izquierda) y otro de centro derecha, hoy más de derechas, o neo derechista.
El socialismo francés, que no es lo mismo que el socialismo español, parece que ha ganado estas elecciones, por promesas que, según muchos analistas independientes, no claro las opiniones de los amigos sociatas, como por ejemplo regresar a la jubilación a los sesenta años, o la creación de 60.000 nuevos funcionarios. Nadie se cree que eso se pueda hacer, dejando de lado el que a uno personalmente, le guste o no la decisión, con lo que todo parece que ha sido un brindis al son, es decir mentiras, como apuntaba aquel famoso alcalde madrileño fundador del PSP al decir que los programas estaban para no cumplirse, o algo parecido.
Por tanto no sería muy raro el observar dentro de unos meses, la diferencia entre lo prometido y lo hecho, además de tener en cuenta que en Francia han de venir a corto plazo, otras elecciones, éstas legislativas, en las que tal vez el partido de Presidente derrotado retenga mayoría en el Parlamento francés, obligando a una cohabitación que no supone nada seguro ni aconsejable, no obstante, la posibilidad de unas políticas de entendimiento entre los socialistas de Hollande y las derechas de Sarkozy, por más que uno quiera limitar los Pactos Fiscales impuestos por Alemania, y el otro tratara de aliviar la austeridad pedida. En resumen, creo que el nuevo presidente de Francia, el socialista Hollande, no va ponerse en contra de las directivas emanadas de Europa, algo que al final, producirá más decepción y más inconvenientes.
En el fondo, tal como yo lo veo, aunque parezca que hay fuertes diferencias, la realidad es que no las hay al menos con en esa decisión, de manera que no sé cómo a los socialistas españoles les da tanta alegría, si ellos mismos saben, que son caras de la misma moneda. Los dos defienden el mismo sistema, por más que algunos intenten hacer creer que no lo son; de nuevo y otra vez, el Sr. Hollande tendrá que empezar inmediatamente a incumplir sus promesas, con lo cual, sus homólogos en nuestro país, no tendrían que estar demasiado tranquilos. Además, todavía quedan casi cuatro años en que la derecha española seguirá mandando, y en ese sentido, no por socialistas, sino por ciudadanos corrientes, nos queda sufrir las incoherencias del sistema capitalista o luchar al menos, desde otra óptica, desde otra forma de entender la política, que, fuera de dogmatismos izquierdosos o neo capitalistas, devuelvan a los españoles un futuro nuevo y más justo. En suma, La France no es la España.